3 feb. 2007

Historias

El Alpinista

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inicio su travesía después de anos de preparación, pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.


Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y mas tarde, y no se
preparo para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, y oscureció.

La noche cayo con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbalo
y se desplomo por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, solo
podía ver veloces manchas mas oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su
mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, el pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos... Si, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo mas que gritar: "AYÚDAME DIOS MÍO..." De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesto: "QUE QUIERES QUE HAGA?"
Sálvame Dios mío " REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR? " Por supuesto Señor " ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..."...


Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró mas a la
cuerda y reflexiono...



Cuenta el equipo de rescate que al otro día, encontraron colgado a un
alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO!!!...
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CUESTIÓN DE COLOR

Se trata de una señora que la sientan en el avión al lado de un hombre negro y le pide a la azafata que la cambie porque ella no puede sentarse al lado de una persona de ese color y tan desagradable. La azafata le contesta que el vuelo está muy lleno, pero que irá a checar a primera clase a ver si acaso puede encontrar algún lugar.

Todos los pasajeros observan la escena medio disgustados y la señora se sentía la más feliz porque le iban a quitar a ese ser tan repugnante de su lado.

Minutos más tarde llega la azafata y le dice a la señora:
"Disculpe, pero efectivamente todo el vuelo esta lleno, pero encontré un lugar vacío en 1era clase. Para poder hacer este tipo de cambios le tuve que pedir autorización al capitán. Él dijo que no se podía obligar a nadie a viajar al lado de una persona tan indeseable.

La señora con cara de triunfo intentó salir de su asiento, pero la azafata en ese momento se voltea y le dice al hombre negro: "sería usted tan amable de acompañarme a su nuevo asiento? y todos los pasajeros del avión se pararon y ovacionaron la acción de la azafata.
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El Anillo
Un muchacho entró con paso firme a la joyería y pidió que le mostraran el mejor anillo de compromiso que tuviera.
El joyero le presentó uno. La hermosa piedra, solitaria, brillaba como un diminuto sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó.
Pregunto luego el precio y se dispuso a pagarlo.¿Se va usted a casar pronto? - le preguntó el joyero.No -respondió el muchacho - Ni siquiera tengo novia.
La muda sorpresa del joyero divirtió al comprador.-Es para mi mamá - dijo el muchacho - Cuando yo iba a nacer estuvo sola.
Alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Muchos.Fue padre y madre para mí, y fue amiga y hermana, y fue maestra. Me hizo ser lo que soy.
Ahora que puedo le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy como promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue otro anillo de compromiso. Pero será el segundo.
El joyero no dijo nada. Solamente ordenó a su cajera que hiciera al muchacho el descuento aquel que se hacía nada más a los clientes importantes.


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